Sobre mí…

Escritora por vocación y lectora por pasión, desde siempre y, seguramente, hasta el último día.

Desde los siete años, escribir forma parte de mi manera de mirar, sentir y contar el mundo. Durante mucho tiempo fui trazando mi propio camino entre relatos, poesía y distintos proyectos literarios, hasta encontrar una voz que hoy siento, por fin, profundamente mía.

Durante un tiempo firmé como Dawn Hill, una etapa que disfruté enormemente y de la que aprendí mucho. Pero ahora me apetecía volver a lo esencial: escribir con mi nombre real, alba remacho montaño, y abrazar todo lo que soy también a través de él.

Hace un año publiqué mi primer libro mediante Amazon, «Una tragedia silenciada» (2020), un relato breve que escribí en plena cuarentena. Después de verlo publicado, conseguí que estuviera disponible en varias librerías físicas de mi ciudad y, con el siguiente, «Analepsis (2021)», tuve la oportunidad de participar en la Feria del Libro de aquí. Más tarde llegó una tercera obra, publicada solo en Amazon, «Evocación dun corazón fráxil» (2022), un poemario en gallego que quizá sea lo que mejor explica la esencia de mi alma.

Mi trayectoria

Escribo desde los siete años. Desde entonces, las palabras se han convertido en mi forma de mirar, de sentir y de entender lo que me rodea. Lo que empezó como una afición de infancia creció conmigo, se volvió una pasión y, con el tiempo, se transformó en el camino que elegí recorrer como escritora.

A los 28 años decidí dar un paso al frente y empezar, de verdad, mi aventura literaria. Por circunstancias personales tuve que poner una pausa, pero hoy retomo ese camino con más ilusión, más claridad y con una nueva novela, Desconexión, con la que siento que he encontrado, por fin, mi propia voz.

Un sueño hecho realidad

Participar en la Feria del Libro significó mucho más de lo que quizá fui capaz de expresar en aquel momento.

Significó sentir que todo ese esfuerzo había dado sus frutos y que aquel camino que había empezado años atrás tenía sentido, presente y también futuro.

Y, sobre todo, significó algo muy profundo para aquella niña herida que empezó a escribir a los siete años, cuando la escritura se convirtió en su refugio, en su manera de desahogarse y de poner en palabras todo aquello que no sabía cómo decir de otra forma.

Puede parecer un logro pequeño o incluso insignificante para quien lo mira desde fuera, pero para mí fue mucho más que eso. Fue decirle a aquella niña que sus palabras tenían —y tienen— un lugar en el mundo.

Y quizá lo más bonito es que, tantos años después, aquella niña sigue escribiendo a través de mí, con la misma sensibilidad de entonces, pero ahora con mucha más fuerza, calma y confianza en mi misma.

Las batallas que no se ven

Detrás de cada persona hay historias que no siempre se ven ni se cuentan. Algunas dejan una huella profunda, otras nos transforman por completo y hay algunas que, simplemente, nos enseñan a mirarnos con otros ojos.

Durante una etapa de mi vida tuve que enfrentarme a una batalla que durante mucho tiempo quedó en silencio: la bulimia y, también, la esclerosis múltiple.

Hoy elijo hablar de todo ello desde otro lugar: desde la persona que soy ahora y desde todo lo que fui aprendiendo en ese proceso.

Si comparto esta parte de mi historia es porque sé que hay batallas que se libran en silencio y que, desde fuera, nadie imagina.

No quiero dibujar un camino perfecto ni decir que todo fue fácil. Solo quiero recordar que, incluso cuando parece que no hay salida, la esperanza puede seguir ahí, en voz baja, pero viva.

A aquella niña que empezó a escribir a los siete años para desahogarse, a la mujer que tuvo que hacer frente a sus propios fantasmas y a la persona que soy hoy, las une algo que nunca quiero perder de vista: seguir adelante también es una manera de escribir nuestra propia historia.

Que la esperanza nunca se apague.

Mi nueva etapa: Desconexión

Desconexión (2026) nace de muchas de las inquietudes que me acompañan como escritora y representa un momento muy importante en mi trayectoria. Es la novela con la que siento que he encontrado una voz propia, una forma de contar las historias que realmente quiero contar.

En ella me adentro en un mundo en el que la conexión parece estar en todas partes, pero en el que, paradójicamente, nunca ha sido tan difícil sentirse realmente conectado.

En un mundo donde cada emoción se comparte en directo y cada gesto se mide en «me gusta», sentirse visto lo es todo. Hasta que algo cambia.

Mientras las pantallas siguen mostrando una realidad perfecta, algo comienza a resquebrajarse. Una conexión inesperada pondrá al descubierto una verdad que nadie estaba preparado para conocer.

Porque cuando todos están conectados, desconectarse puede ser la única forma de descubrir la verdad.

En un mundo donde cada emoción se comparte en directo y cada gesto se mide en me gusta, sintiéndose visto lo es todo. Hasta que algo cambia.
Nadie sabe cuándo empezó: un silencio extraño, una sombra donde antes había luz, una sensación imposible de explicar.
Mientras las pantallas siguen mostrando una realidad perfecta, algo comienza a resquebrajarse.
Una conexión inesperada pondrá al descubierto una verdad que nadie estaba preparado para conocer.
Porque cuando todos están conectados, desconectarse puede ser la única forma de descubrir la verdad.